Vivir sin Quejas

Un mundo sin quejas es un mundo mejor, sobretodo cuando éstas no persiguen solucionar nada, sino solo desahogar un lamento lleno de amargura. Sin embargo, estamos inmersos entre quejas destructivas. Cambiar esta tendencia y promover la crítica constructiva es urgente, ya que ello nos hará dueños de nuestros destinos y protagonistas de nuestra felicidad.  

 

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Inmersos en Quejas

¿Conoces a alguna persona que se queje constantemente, que destaque lo negativo de todo pero sin propósito de cambio? ¿Te has sorprendido a ti mismo alguna vez adoptando esa misma aptitud?. No te preocupes, lo más común es que ambas respuestas sean afirmativas.

La queja es el pan de cada día, su uso se ha llegado a normalizar tanto que es habitual escucharlas en cualquier lugar y sobre cualquier modalidad (ya sea sobre cosas cotidianas o sobre aspectos más personales). Tanto es así, que incluso se usan como comodín en las interacciones sociales, por lo que es normal oír frases como: “vaya calor, menudo frío, qué sueño, qué hambre, qué trafico, qué aburrimiento, me duele aquí y allá, estoy harto de esto y de lo otro…”

 

“Quejarse es el pasatiempo de los incapaces”

Hugo Ojetti

El universo gris de las quejas

La queja se ha convertido en un mal común. Estar inmersos en un mundo de quejas supone estar siempre molestos por algo. Como resultado, nos encontramos una actitud muy tóxica que se repite, y que enfatiza la amargura en el ambiente, disminuye la capacidad de disfrute y resta felicidad en todas las facetas de la vida.  

Además, este hábito poco saludable entrena al cerebro para que se fije especialmente en lo negativo, de tal manera que ante cualquier situación se aprecia primero aquello que no nos gusta. Al final, entre tanta queja y negatividad, se tiende a percibir el mundo como un sitio gris y hostil. Si esta predisposición perdura en el tiempo, se termina por adquirid un semblante de tormento y pesadumbre, que nos deja en una posición de indefensión, vulnerabilidad y de irritación sin cauce. 

Pero no todo queda aquí. Existe otra manera de ver el mundo y de relacionarse con él. Una forma positiva y proactiva que cambia las quejas y las malas caras por sonrisas y gestos de serenidad. Fomentando de esta forma a aprender a destacar lo positivo y disfrutar de lo que nos rodea, como también aprender a canalizar la queja para transformar la realidad. 

 

Dejar de quejarse

Dejar de quejarse es posible y no supone un gran esfuerzo, aunque sí conlleva un compromiso sólido para su éxito. Finalmente merece la pena, una vez has dejado la queja lejos, simplemente eres más feliz y más capaz de ver el lado positivo de las cosas.

No obstante, vivir sin quejas también implica adoptar una actitud de responsabilidad. No quejarse no significa necesariamente conformarse y vivir impasibles a lo que sucede. Es preciso sustituir la crítica generalizada, (que no persigue solucionar nada), por la crítica constructiva. En este sentido quejarse puede ser algo positivo, pero siempre cuando vaya dirigido hacia algún aspecto en concreto e importante, y su objetivo sea proponer soluciones y mejoras. La regla es clara: Si algo no te gusta cambialo, si no puedes cambiarlo aceptalo y disfrutalo. Sino formas parte de la solución, entonces formas parte del problema.

 

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– Claves para Vivir sin Quejas – 

 

  •  Para empezar es importante que percibas cuando las quejas negativas están cobrando protagonismo. Existen numerosos métodos para ello, como el de la famosa pulsera de Will Bowen (que consiste cambiar la pulsera de muñeca cada vez que expreses una queja). 
  • Avanza progresivamente en la detección de quejas: comienza a crear una alerta en las verbalizaciones de quejas, después pasa a identificar las percepciones y pensamientos de quejas. 
  • Transforma en positivo las quejas sobre cosas que escapan a tu control, (como el tráfico o el tiempo) como: “hace un día brillante”, “me encanta cuando llueve”…
  • Continúa por cambiar las quejas sobre aquello que esté sí bajo tu control. Si algo te impide avanzar no te quejes sin más, formula una crítica constructiva. “El mundo está muy contaminado, voy a intentar disminuir mis emisiones”
  • No dejes que te influyan las quejas de otros. Si alguien se queja, y más si lo hace de forma repetida, no refuerces su actitud, no respondas a sus quejas, en estos casos es mejor el silencio o contestar asertivamente. 

 

Fotos de: Jack Moreh

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